Carta de Pérez Reverte a un lector vasco
TRES MINUTOS
Y... MERECE
LA PENA
Cortos de razones, largos de espada
Eres joven y guipuzcoano, según deduzco por tu
carta y el remite. Escribes
como lector reciente de la última aventura de
nuestro amigo Alatriste, contándome que es
el primer libro de la serie que cae en tus
manos. Te ha gustado mucho, dices, excepto el hecho
«poco riguroso» y «poco creíble» de que una galera
española estuviera tripulada por soldados vizcaínos
que combatían al grito de 'Cierra España’; en
referencia a
la Caridad Negra, que en los últimos
capítulos combate a los turcos, en las bocas de
Escanderlu, llevando a bordo a la compañía del
capitán Machín de Gorostiola.
Y
añades, joven amigo -lo de joven es importante-, que
eso no disminuye tu entusiasmo por la historia que
has leído; pero que el episodio de los vizcaínos te
chirría, pues parece forzado. «Metido con calzador
-son tus palabras- para demostrar que los vascos (y
no los vascongados, don Arturo) estábamos
perfectamente integrados en las fuerzas armadas
españolas, lo que no era del todo cierto.»
Son las siete últimas palabras del párrafo anterior
las que me hacen, hoy, escribir sobre esto; la
triste certeza de que realmente crees en lo que
dices.
Te
gusta la novela, pero lamentas que el autor haga
trampas con
la Historia real; la auténtica
Historia que
-eso no lo cuentas, pero se deduce- te enseñaron en
el colegio. Así que, con buena voluntad y con el
deseo de que yo no cometa errores en futuras
entregas, me corriges. Debería, a cambio,
escribirte una carta con mi versión del asunto. El
problema es que nunca contesto el correo. No tengo
tiempo, y lo siento. Esta página, sin embargo, no
es mala solución. La lee gente, y así quizá evite
otras cartas como la tuya. De paso, extiendo mi
respuesta a la cuadrilla de embusteros
y sinvergüenzas de los sucesivos
ministerios de Educación, de la consejería
autonómica
correspondiente, de los colegios o de donde sea,
que son los verdaderos culpables de que a los
diecisiete años, honrado lector, tengas -si me
permites una expresión clásica- 'la picha histórica
hecha un
lío'.
Machín de Gorostiola es un personaje ficticio, como
su compañía de infantería vizcaína. En efecto. Pero
uno y otros deben mucho al capitán Machín de Munguía
y a los soldados de su compañía, «la mayor parte
vascongados», que, según una relación del siglo XVI
conservada en el
Museo Naval de Madrid, pelearon como fieras durante
todo un día
contra tres galeras turcas, en
La Prevesa.
En cuanto a lo de 'Cierra España',
ni es consigna franquista ni del Capitán Trueno.
Quien conoce los textos de la época sabe que,
durante siglos, ése fue usual grito de ataque de
la infantería española -en su tiempo la más fiel,
sufrida y temible de Europa-, que en gran número,
además de soldados castellanos y de otras regiones,
estaba formada por vizcaínos; pues así, vizcaínos,
solía llamarse entonces a los vascos en general,
«a veces cortos de razones pero siempre largos de
bolsa y espada». Y guste o no a quien manipuló
tus libros escolares, amigo mío, con sus nombres
están hechas las viejas relaciones militares,
de Flandes a Berbería, de las Indias a la costa
turca.
Los oprimidos vascos fuisteis -extraño síndrome de
Estocolmo, el vuestro- protagonistas de todas las
empresas españolas por tierra y mar desde el siglo
XV en adelante. Ése fue, entre otros muchos, el
caso de los capitanes de galeras Iñigo de Urquiza, Juan
Lezcano y Felipe Martínez de Echevarría, del
almirante Antonio de Oquendo, su padre y su hijo
Miguel, o de tantos otros embarcados en las galeras
del Mediterráneo o en la empresa de Inglaterra.
Las relaciones de Ibarra, Bentivoglio, Benavides,
Villalobos o Coloma sobre las guerras del
Palatinado y Flandes, los asedios, los asaltos con
el agua por la cintura, las matanzas y las
hazañas, las victorias y las derrotas, hasta Rocroi
y más allá incluso, están salpicadas de tales
apellidos, sin olvidar las guerras de Italia:
en Pavía, por ejemplo, un rey
francés fue capturado por un humilde soldado de
Hernani, en el curso de una acción sostenida por
tenaces arcabuceros vascos. Y te doy mi palabra de
honor de que aquel día todos gritaron,
hasta enronquecer, 'Cierra España': voz que, en
realidad, no tenía significado ideológico alguno.
Sólo era un modo de animarse unos a otros -eran
tiempos duros- diciéndole al enemigo de entonces,
fuera el que fuera: Cuidado, que ataca España.
Así que ya ves, amigo mío. No inventé nada. El único
invento es el negocio perverso de quienes te
niegan y escamotean la verdadera Historia: la de tu
patria vasca -«La gente más antigua, noble y
limpia de toda España», escribía en 1606 el
malagueño Bernardo de Alderete- y la de la otra,
la grande y vieja. La común. La tuya y la mía.
¡¡¡¡¡ESPAÑA!!!!!