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Los cátaros en el antiguo Reino de Mallorca

Bartomeu Bestard 

El movimiento herético cátaro tuvo sus orígenes en el bogomilismo de Bulgaria y se extendió hacia occidente a través de los caballeros y mercaderes que volvían de Oriente. A partir del siglo XII, la Occitania, que ocupaba el actual sur de Francia, fue una importante zona de esta corriente herética y sus seguidores fueron denominados cátaros (‘puros’ en griego), o beguinos, siendo sus centros más importantes Tolosa, Narbona, Carcasona, Besiers y Foix. Los cátaros profesaban un dualismo procedente del maniqueísmo y el gnosticismo. Predicaban que Jesucristo, a pesar de ser el hijo de Dios, no había conseguido redimir al mundo, y por tanto estaba en las manos de cada uno el salvarse después de la muerte. Ahora bien, en 1212 la cuestión cátaro-occitana se convirtió en un auténtico conflicto político y armado, entre el rey de Francia por una parte, y el rey de Aragón y los señores feudales de la Occitania, por la otra. Realmente, la guerra tuvo dos fases: una que finalizó en 1229 y una segunda que duró de 1240 a 1255. A partir de este momento el catarismo desapareció y algunas de sus reminiscencias fueron recogidas por los franciscanos espirituales, que conformaban una de las ramas franciscanas más “extremistas”, por decirlo de alguna manera, y que a menudo sus postulados rozaron la herejía. Esta versión del franciscanismo gozaba del apoyo de parte del patriciado urbano y también de algunos miembros de la casa real de Mallorca. Prueba de esas reminiscencias cátaras en el franciscanismo, es la sublevación popular ocurrida en 1306, en Carcasona, promovida por el espiritual Bernat Deliciós de Montpeller, para dar a Ferran de Mallorca la señoría del Languedoc. Jaime II de Mallorca, padre de Ferran, desautorizó inmediatamente la operación. El caudillo de dicha sublevación fue Sanç de Morlà, cátaro, miembro de una familia que había participado en la conquista de Mallorca, bajo las órdenes de Nuño Sanç y que se había establecido en Mallorca. No se ha de perder de vista que en la primavera 1229 se firmó el Tratado de Meaux, que significó el final de la primera guerra albigense y que, sin duda, provocó que muchos militares occitanos, al haber perdido sus tierras y derechos, participasen  en la conquista de Mallorca en busca de un porvenir. Por ejemplo, Bernat de So, casado con Esclaramunda de Foix —nombre que hace referencia a la luz (clara món), signo del bien, típico del catarismo, al igual que pasa con Raimon (Raig del món)— participó en la conquista, y en 1250 fue quemado por hereje en el Languedoc. Su nieto fue Bernat de So, primer Vizconde de Evol, persona muy cercana a Jaime III. Su hijo, Guillermo, fue el castellano del Castell del Rei (Pollença), durante la guerra que enfrentó al rey mallorquín con Pedro IV. Otro ejemplo es el de los hermanos Oliver y Bernat de Termes. Ambos participaron activamente en la guerra albigense y después en la conquista de Mallorca. Eran sobrinos de Benet de Termes, obispo cátaro de Rasés. La rama de Oliver se estableció en Mallorca y perduró hasta el siglo XVII. Podemos poner más ejemplos, y no sólo de occitanos que participaron en la cruzada de Mallorca, sino de colonos que fueron llegando durante el siglo XIII a la isla para repoblarla. A veces puede costar entender porqué Jaime I dejó a su segundo hijo esa corona tan “complicada” como era el Reino de Mallorca: las Baleares y la parte norte de sus territorios, que además estaban dispersos. Ahora bien, si tenemos en cuenta esa corriente migratoria de norte al sur, se puede presumir lo que intentaba el Conquistador, proteger a sus parientes occitanos y con ellos a sus vasallos. Al fin y al cabo Cataluña y Occitania formaban un área cultural y social común. Preparó un corredor, sus territorios del norte, y un lugar en dónde estarían protegidos, tanto de los franceses como de los conflictivos señores feudales de la Corona de Aragón: Mallorca, con sus Privilegios y Franquezas, el Regne enmig de la mar, tal como lo denominó el propio rey. Muchos de estos repobladores que vinieron a Mallorca, aún conservan su sangre y apellidos en la isla: Aymerich ( Raimon Aymerich fue diácono cátaro en Vilamur); Barbará (Jaspert Bárbara defendió ante los franceses el castillo de Queribus, último castillo cátaro que quedaba en pie, luego, huyendo de las represalías, participó en la conquista de Mallorca); Bonet (cátaros del Languedoc); Ferriol (militares cátaros de Carcasona); Jordá (Raimon Jordá, vizconde de Sant Antonin, y tildado de cátaro); Riussech (del condado de Foix, Amiel de Riussech, cátaro, fue expoliado por el mismo Simón de Monfort en 1209, y volvió a perder propiedades en 1226, ya viudo ingresó en la orden del Temple. Un hermano suyo participó en la conquista de Mallorca dejando descendencia);  Riutord (de Carcasona. Bernarda de Rieutord, cátara)... En cualquier caso, esta llegada de occitanos cátaros o rodeados de un cierto ambiente cátaro, no propició la aparición de focos heréticos importantes, en cambió, como ya se ha advertido, sí que la orden franciscana, “versión” no herética del catarismo, tuvo mucho peso en esa nueva sociedad cristiana que se estableció en Mallorca a partir del siglo XIII.