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Don RICARDO RAMOS |
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¡Y qué mayor ejemplo de ese laicismo, que el intento de descalificar a la Iglesia y arrinconarla a las sacristías! |
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DOS MILLONES “EN NOMBRE DE MUCHOS MÁS”
Artículo publicado en
Tribuna de Diario de Mallorca
Si buscamos en los anales de la historia contemporánea española, encontraremos muy pocas manifestaciones populares que en una ciudad hayan conseguido congregar el número de dos millones de personas. Por eso el encuentro de la familia que se celebró el pasado 30 de diciembre en Madrid, es verdaderamente significativo. Aunque por supuesto no han faltado los que haciendo uso de una deplorable manipulación informativa, han querido minimizar el acontecimiento restándole importancia, o incluso atreviéndose a confundir a la opinión pública rebajando las cifras sobre la participación en dicho encuentro, si bien observando las fotos del evento, cualquiera que no sea ciego podrá descubrir quién dice la verdad.
En este sentido, quienes han lanzado esas diatribas contra los congregados en Madrid, sin proponérselo han dado la razón a comentarios como el del cardenal Agustín García Gasco, que alertó contra la mentalidad del laicismo radical que está sufriendo España. ¡Y qué mayor ejemplo de ese laicismo, que el intento de descalificar a la Iglesia y arrinconarla a las sacristías! La Iglesia prefiere prescindir del insulto y abogar por el diálogo, desde la rectitud de intención que es la única que puede buscar puentes de encuentro entre los sectores enfrentados.
Por ello, contra viento y marea, defenderemos las enseñanzas de Jesús, y seremos siempre la voz de los sin voz, de los que sufren, de los excluidos, de los pobres. Seremos la Iglesia liberadora que defenderá siempre el derecho a la vida de los no nacidos frente al aborto, abogaremos por un uso moral de la ciencia, protegeremos el derecho de los hijos a ser educados por un padre y una madre, auspiciaremos estilos de vida propios del amor fiel e indisoluble entre hombre y mujer, pediremos siempre al Estado, que legisle en el respeto a los valores de la familia que debe ser protegida y no destruida, y en definitiva, trabajaremos por la conversión de las conciencias a la verdad, conscientes de que en este empeño no estamos solos, pues nos acompaña la ayuda divina. Precisamente el encuentro de la plaza de Colón fue, entre otras cosas, un momento de oración. RICARDO RAMOS CARRIQUE, Sacerdote.
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