Don RICARDO RAMOS

¡Y qué mayor ejemplo de ese laicismo, que el intento de descalificar a la Iglesia y arrinconarla a las sacristías!

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DOS MILLONES “EN NOMBRE DE MUCHOS MÁS”

Artículo publicado en Tribuna de Diario de Mallorca
martes 15 de enero de 2008
 

Si buscamos en los anales de la historia contemporánea española, encontraremos muy pocas manifestaciones populares que en una ciudad hayan conseguido congregar el número de dos millones de personas. Por eso el encuentro de la familia que se celebró el pasado 30 de diciembre en Madrid, es verdaderamente significativo. Aunque por supuesto no han faltado los que haciendo uso de una deplorable manipulación informativa, han querido minimizar el acontecimiento restándole importancia, o incluso atreviéndose a confundir a la opinión pública rebajando las cifras sobre la participación en dicho encuentro, si bien observando las fotos del evento, cualquiera que no sea ciego podrá descubrir quién dice la verdad. 

Y cual temporal que arrecia con fuerza, numerosas críticas se han cernido contra la Iglesia después del citado acto. Algunos de esos comentarios niegan la voluntad democrática de la Iglesia o la tachan de intolerante, cuando precisamente la intolerancia es la de los que en vez de respetar el libre uso de la libertad de expresión de la Iglesia, la atacan con descalificativos.

En este sentido, quienes han lanzado esas diatribas contra los congregados en Madrid, sin proponérselo han dado la razón a comentarios como el del cardenal Agustín García Gasco, que alertó contra la mentalidad del laicismo radical que está sufriendo España. 

¡Y qué mayor ejemplo de ese laicismo, que el intento de descalificar a la Iglesia y arrinconarla a las sacristías! 

La Iglesia prefiere prescindir del insulto y abogar por el diálogo, desde la rectitud de intención que es la única que puede buscar puentes de encuentro entre los sectores enfrentados. 

No debe sorprendernos que nos critiquen, también lo hicieron con nuestro fundador a quien crucificaron. Y precisamente fue Él quien dijo "si me han perseguido a mí, también os perseguirán a vosotros" (Jn. 15,20). Pero nos consuela saber que la verdad nos hará libres. En este sentido, me gustaría destacar las palabras que Benedicto XVI dirigía recientemente al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, y en las que señalaba que: "la libertad humana no es absoluta, sino que se trata de un bien compartido, cuya responsabilidad incumbe a todos. En consecuencia, el orden y el derecho son elementos que la garantizan, pero el derecho sólo podrá ser una fuerza eficaz de paz si sus fundamentos permanecen sólidamente anclados en el derecho natural, dado por el Creador. Es por eso también que no se puede nunca excluir a Dios del horizonte del hombre y de la Historia". 

Por ello, contra viento y marea, defenderemos las enseñanzas de Jesús, y seremos siempre la voz de los sin voz, de los que sufren, de los excluidos, de los pobres. Seremos la Iglesia liberadora que defenderá siempre el derecho a la vida de los no nacidos frente al aborto, abogaremos por un uso moral de la ciencia, protegeremos el derecho de los hijos a ser educados por un padre y una madre, auspiciaremos estilos de vida propios del amor fiel e indisoluble entre hombre y mujer, pediremos siempre al Estado, que legisle en el respeto a los valores de la familia que debe ser protegida y no destruida, y en definitiva, trabajaremos por la conversión de las conciencias a la verdad, conscientes de que en este empeño no estamos solos, pues nos acompaña la ayuda divina. Precisamente el encuentro de la plaza de Colón fue, entre otras cosas, un momento de oración.  

RICARDO RAMOS CARRIQUE, Sacerdote.