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Don RICARDO RAMOS |
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500 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO |
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En Valladolid, el año1507, nació Manuel Castañeda, de joven siguió la carrera militar, alcanzando pronto, el grado de capitán. A los 34 años formaba parte del ejército del emperador Carlos I de España, en su ataque a Argel, con la armada imperial el año 1541. La escuadra fue derrotada por los argelinos ante la inoportuna aparición de una fuerte tempestad, y la nave del Capitán Castañeda naufragó, siendo él recogido por otra nave cristiana que lo trasladó a Mallorca. En esta isla abandonó la vida militar para pasar a la vida religiosa. En un predio denominado “Sa Torre”, del término municipal de Valldemossa, se retiró a hacer penitencia, cambiando de nombre por el de Antonio en memoria del santo del mismo nombre, viviendo de limosnas. Dormía en una vieja cisterna seca y más tarde en una cueva. Así pasaron tres años, hasta que lo descubrió el canónigo Mosén Nicolau Montanyans, quien le encargó que se ocupara del antiguo Monasterio de Miramar. Este Monasterio o Colegio era de propiedad real, y fue inicialmente cedido a Ramon Llull en 1276, para enseñanza de lenguas orientales a los misioneros que iban a predicar a musulmanes, judíos y gentiles. Allí pasó 42 años, acompañado de Fray Domingo de Lárez y otros ermitaños, hasta su muerte impregnada de santidad, acaecida en 1583. Su capacidad intelectual y espiritualidad despertó el interés de Mosén Montanyans para que fuera ordenado sacerdote. Por razones de haber intervenido en acciones de guerra, Castañeda se vio obligado a pedir dispensa papal, por lo que fue enviado a Roma en 1546. Allí conoció a Ignacio de Loyola y a sus primeros compañeros. Obtenida la dispensa del Papa Paulo III, fue ordenado sacerdote por el Obispo de Mallorca en 1547. La trascendencia de su existencia está vinculada a la mallorquina Catalina Tomás, pues el padre Castañeda intervino de forma providencial en el camino de su santificación. Catalina Tomás había nacido en Valldemossa,10 años antes de que llegara a Mallorca el Capitán Castañeda. Quedó huérfana de su padre, Jaime, a los 3 años, y de su madre, Marquesina, a los 10. Fue recogida por sus tíos, Bartolomé Gallard y María Tomás, yendo a vivir con ellos al predio denominado Son Gallard, próximo al Monasterio de Miramar citado. Catalina Tomás ayudaba a su tía en la cocina, llevaba la comida a los segadores, recogía oliva, guardaba el rebaño de ovejas y hacía lo que fuera necesario en aquella casa, y en aquellas tierras de la Mallorca rural del siglo XVI. Un día el ermitaño Antonio Castañeda, que ya residía en el Monasterio de Miramar, se acercó a pedir limosna a Son Gallard y encontró a la jovencita Catalina Tomás quien le atendió caritativamente, quedando ella vivamente impresionada por la humildad de aquel fraile. Posteriormente, en compañía de otra muchacha de su edad, Ana Mas, fue a confesar con el ya Padre Castañeda, al Monasterio de Miramar, y a partir de ese momento comenzó el deseo de hacerse religiosa. El Padre Antonio Castañeda, ante la oposición de los tíos de Catalina a que siguiera su vida espiritualmente, consiguió sacarla de Son Gallard y colocarla como sirvienta en casa de los nobles mallorquines, D. Mateo Zaforteza y Tagamanent y Dª Magdalena Gual-Desmur y Térmens. Quedó al servicio de la hija de ambos, Isabel, la cual le enseñó a leer y escribir y la trató con mucha dulzura, sobre todo cuando enfermó muy gravemente. La trasladaron entonces a la mansión de Raixa, en el campo, donde recuperó la salud con ayuda de Isabel. Pero Catalina seguía con el empeño de ingresar en un convento, y a esta ardua tarea se dedicó el Padre Castañeda. Logró que entrara sin dote, cosa imposible en aquella época, en el convento de clausura de monjas agustinas de Santa Magdalena, el 13 de noviembre de 1552. En ese tiempo de tanta pobreza la dote era fundamental para ingresar las futuras monjas en los conventos. Pero la fama de santidad de Catalina fue tal que, después de haberle negado su ingreso todos los conventos de Palma, fueron tres de ellos los que finalmente le ofrecieron, gratuitamente, su admisión en sus respectivos claustros. En la plaza del Mercado de Palma, en la fachada posterior de la iglesia de San Nicolás está colocada la piedra (desde 1826), en la que se sentaba Catalina mientras el Padre Castañeda hacía gestiones en los conventos para que pudiera ser admitida. La importancia de Catalina Tomás reside en la influencia que desempeñó en la historia de la Iglesia. En vida fue consejera de los más destacados personajes de la sociedad civil y eclesiástica de Mallorca, a pesar de no salir de la clausura y estar siempre pendiente de los humildes y de los pobres. Murió el 5 de abril de 1574, como había vivido, como una santa. Su cuerpo permanece incorrupto y su benefactor influjo en la vida espiritual de las gentes a lo largo de los siglos, es comparable al de su coetánea y también española Santa Teresa de Ávila. Catalina Tomás fue beatificada el 8 de diciembre de 1791 por el Papa Pío VI y canonizada el 22 de junio de 1930 por el Papa Pío XI. En ambos procesos se dejó sentir la acción espiritualizadora de la santa en la sociedad de sus respectivas épocas. Hay que destacar la poderosa influencia de Catalina Tomás sobre el Cardenal Antonio Despuig y Dameto, artífice de las gestiones para su beatificación, que trabajó afanosamente y logró la elección del Papa Pío VII en el cónclave de Venecia. Antes había sido la persona de confianza del Papa Pío VI. Recordemos la devastación que produjo Napoleón en la Iglesia Católica que tuvieron que soportar ambos Papas, luchando para que no naufragara la nave de San Pedro. En el siglo XX, baste recordar los terribles avatares por los que pasó el mundo y concretamente España, en los años 30, cuando fue canonizada Catalina Tomás, donde estuvo en peligro la fe católica en Mallorca y en toda Europa. Volviendo al Padre Castañeda. Podemos resumir su vida diciendo que a pesar de residir en el cenobio de Miramar en Valldemossa, fue un ermitaño muy activo. Su acción se dejó sentir logrando que otras personas, además de Catalina Tomás, se incorporaran a la vida espiritual. Consiguió que ingresara en la Compañía de Jesús el Padre Jerónimo Nadal, y las hermanas Calvó en el convento de Santa Magdalena, siendo compañeras de Santa Catalina Tomás. El pequeño monasterio de Miramar se convirtió, con el Padre Castañeda, en un importante centro espiritual de Mallorca, con fuerte repercusión en la vida religiosa del siglo XVI. No olvidemos que Miramar fue la única Escuela que tuvo en vida Ramon Llull y este siglo XVI fue el de mayor protección real de su pensamiento. Eso ocurrió en el reino de Cataluña y Aragón con Fernando el Católico, durante la regencia del Cardenal Cisneros en la península y en los dos archipiélagos, y los reinados en España de Carlos I y Felipe II. Miramar fue propiedad de la Corona sin interrupción, desde su fundación en 1276, con Jaime II de Mallorca, hasta las Cortes de Cádiz de 1812, y por tanto durante los 42 años que estuvo el Padre Castañeda. La actividad misionera en Mallorca tras la muerte de Ramón Llull (1316) siguió muy viva con los musulmanes y los hebreos que habitaban esta isla, y a finales del siglo XIV (1390) iban a Canarias ermitaños, siguiendo el modelo de Ramon Llull, a evangelizar a los guanches canarios. Muerto el padre Castañeda en 1583 fue enterrado en la iglesia de Miramar, cerca del altar mayor dedicado a la Santísima Trinidad, y en 1615 parte de sus restos fueron colocados en un relicario en forma de cruz, que se conserva en la actual capilla de Miramar, como puede apreciarse en la fotografía. Véanse los cuadros que se conservan en Miramar relacionados con el Padre Castañeda y Santa Catalina Tomás.
Dr. José María Sevilla Marcos, Presidente de la “Associació Ramon Llull”.
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