“Sacramentum Caritatis”

El
pasado 22 de febrero, el Papa publicó una
interesante exhortación pastoral sobre la
Eucaristía, intitulada “Sacramento de la
Caridad”, en la que se recuerda que este
sacramento “es el origen de toda forma de
santidad”, de manera que la Historia nos
muestra que los santos fueron devotos de la
Eucaristía. Y tras enumerar distintos
ejemplos de todos los tiempos, se
fija en
particular en el valioso testimonio de los
mártires a quienes no les importó arriesgar
sus vidas, con tal de celebrar la Santa
Misa: “A principios del s. IV, el culto
cristiano estaba todavía prohibido por las
autoridades imperiales. Algunos cristianos
del Norte de África, que sentían la
obligación de celebrar el día del Señor,
desafiaron la prohibición. Fueron
martirizados mientras declaraban que no les
era posible vivir sin la Eucaristía...”.
El Papa
también se detiene a contemplar el más
perfecto ejemplo de aquella grandísima
devota de la Eucaristía que fue la Virgen
María. Y ¡cómo no iba a serlo, si de ella
nació el verdadero Cuerpo de Cristo que
adoramos en el Pan Eucarístico!
En este
sentido, el Papa señala: “Es necesario
que en la Iglesia se crea realmente, se
celebre con devoción y se viva intensamente
este santo Misterio. El don de sí mismo que
Jesús hace en el Sacramento memorial de su
pasión, nos asegura que el culmen de nuestra
vida está en la participación en la vida
trinitaria, que en Él se nos ofrece de
manera definitiva y eficaz. La celebración y
adoración de la Eucaristía nos permiten
acercarnos al amor de Dios y adherirnos
personalmente a él”
Benedicto
XVI también recuerda que: “El
ofrecimiento de nuestra vida, la comunión
con toda la comunidad de los creyentes y la
solidaridad con cada hombre, son aspectos
imprescindibles del culto espiritual, santo
y agradable a Dios” y anima a los
cristianos, a encontrar continuamente en el
Sacramento del amor de Cristo “la fuerza
para transformar la propia vida en un signo
auténtico de la presencia del Señor
resucitado”.
El Papa
acaba con una invocación al Espíritu Santo,
para que “encienda en nosotros el mismo
ardor que sintieron los discípulos de Emaús
(cf. Lc 24,13-35), y renueve en nuestra vida
el asombro eucarístico por el resplandor y
la belleza que brillan en el rito litúrgico,
signo eficaz de la belleza infinita propia
del misterio santo de Dios.”
Puede verse el texto
íntegro en la página web de la Santa Sede:
http://www.vatican.va/