Don RICARDO RAMOS

Los manantiales de la fuerza divina brotan precisamente en medio de la debilidad humana.
Juan Pablo II Salvifici doloris

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Exhortación apostólica postsinodal

“Sacramentum Caritatis”

 

 

  El pasado 22 de febrero, el Papa publicó una interesante exhortación pastoral sobre la Eucaristía, intitulada “Sacramento de la Caridad”, en la que se recuerda que este sacramento “es el origen de toda forma de santidad”, de manera que la Historia nos muestra que los santos fueron devotos de la Eucaristía. Y tras enumerar distintos ejemplos de todos los tiempos, se fija en particular en el valioso testimonio de los mártires a quienes no les importó arriesgar sus vidas, con tal de celebrar la Santa Misa: “A principios del s. IV, el culto cristiano estaba todavía prohibido por las autoridades imperiales. Algunos cristianos del Norte de África, que sentían la obligación de celebrar el día del Señor, desafiaron la prohibición. Fueron martirizados mientras declaraban que no les era posible vivir sin la Eucaristía...”.

   El Papa también se detiene a contemplar el más perfecto ejemplo de aquella grandísima devota de la Eucaristía que fue la Virgen María. Y ¡cómo no iba a serlo, si de ella nació el verdadero Cuerpo de Cristo que adoramos en el Pan Eucarístico!

   En este sentido, el Papa señala:  “Es necesario que en la Iglesia se crea realmente, se celebre con devoción y se viva intensamente este santo Misterio. El don de sí mismo que Jesús hace en el Sacramento memorial de su pasión, nos asegura que el culmen de nuestra vida está en la participación en la vida trinitaria, que en Él se nos ofrece de manera definitiva y eficaz. La celebración y adoración de la Eucaristía nos permiten acercarnos al amor de Dios y adherirnos personalmente a él”

   Benedicto XVI también recuerda que: “El ofrecimiento de nuestra vida, la comunión con toda la comunidad de los creyentes y la solidaridad con cada hombre, son aspectos imprescindibles del culto espiritual, santo y agradable a Dios” y anima a los cristianos, a encontrar continuamente en el Sacramento del amor de Cristo “la fuerza para transformar la propia vida en un signo auténtico de la presencia del Señor resucitado”.

  El Papa acaba con una invocación al Espíritu Santo, para que “encienda en nosotros el mismo ardor que sintieron los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y renueve en nuestra vida el asombro eucarístico por el resplandor y la belleza que brillan en el rito litúrgico, signo eficaz de la belleza infinita propia del misterio santo de Dios.

  

Puede verse el texto íntegro en la página web de la Santa Sede: http://www.vatican.va/