De tanto en cuanto
nos ofrecen gratas sorpresas en la cartelera
cinematográfica, con películas que se salen de
lo corriente y son capaces de cautivarnos. Tal
es el caso del reciente estreno de la película
documental de Phillip Groening intitulada “El
Gran Silencio”, que más allá del mero interés
comercial o del simple divertimento, con gran
gusto estético y llegando al alma, ha irrumpido
en los mejores cines.
La acompañan
prestigiosos reconocimientos que la consideran
el mejor documental cinematográfico del año,
desde la Academia Europea del Cine, pasando por
festivales como el de Venecia, Sao Paulo, o
Sundace, y otros, a los cuales se sumará en
pocos días la valoración del gran público, que
con su presencia y comentarios, justificará el
éxito que la precede y acompaña.
En esta
película hay mucho de original y sorprendente:
la manera como la rodó el director que cogió su
cámara y se fue solo a convivir con los monjes;
los protagonistas que la integran que son
auténticos cartujos; el lugar dónde se grabó,
que fue la “Grande Chartreuse” (Grenoble)
fundada por San Bruno en 1084; el tiempo que
tardó en realizarse desde que su director
concibió su idea hasta su ejecución, en el que
pasaron casi veinte años; la ausencia de
diálogos de guión puesto que se recoge la escena
real que se vive en el monasterio; etc.
Junto a la
novedosa idea del director, es de destacar su
profesionalidad a la hora de captar imágenes y
sonidos en la cotidianeidad de la vida de los
cartujos, que en medio de una sociedad como la
nuestra, tan presionada por el ruido y por lo
material, son capaces de llegar a lo hondo del
sentido del hombre en el silencio y en la
austeridad, que es como mejor se descubre a
Dios.
Confieso que
para alguien como yo, que celebro misa todos los
domingos en la Cartuja de Valldemosa, el tema de
los cartujos me interesa sobremanera. Ellos
dejaron su impronta en este monumento
valldemosino que es visitado cada año por
centenares de miles de turistas. Su presencia en
Mallorca se inauguró en 1399 y duró 436 años
hasta que en 1835 fueron forzados a marcharse
por el Gobierno Español con las mal llamadas
desamortizaciones del liberal Mendizábal, con
las que les quitaron sus propiedades.
Desde entonces
los cánticos y rezos en la Cartuja se limitan a
los que podemos hacer los fieles en la misa
dominical, y que obviamente distan mucho de los
de aquellos cartujos, cuya presencia aún
añoramos. Muchas veces, paseando por la iglesia,
claustro y antiguas celdas de los discípulos de
San Bruno, o hasta disfrutando de las bellas
vistas desde el campanario de la Cartuja, y
escuchando el bello tañido de sus campanas y de
su recientemente restaurado reloj, he hecho un
esfuerzo de imaginación para visualizar en mi
mente lo que debía ser aquella comunidad de
hermanos dedicados a la oración en medio de
grandes austeridades y penitencias.
Ahora, gracias
a Phillip Groening, no necesito imaginarlo,
puedo verlo y escucharlo, y es tanto lo que
impacta su película, que no me veo capaz de
explicarlo con unas pocas palabras, de forma que
haré alusión al título del documental y
recomendaré a los lectores que acudan al cine
para disfrutar de una verdadera experiencia de
silencio.
Con esta
película nos podemos unir durante 160 minutos a
la vida del cartujo que es, como decía San
Bruno: “un vivir corazón a corazón con Dios.”
Ricardo Ramos
Carrique, Párroco de Valldemosa.
http://www.karmafilms.es/html/elgransilencio.html