Don RICARDO RAMOS

LA CARTUJA DEL SILENCIO

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De tanto en cuanto nos ofrecen gratas sorpresas en la cartelera cinematográfica, con películas que se salen de lo corriente y son capaces de cautivarnos. Tal es el caso del reciente estreno de la película documental de Phillip Groening intitulada “El Gran Silencio”, que más allá del mero interés comercial o del simple divertimento, con gran gusto estético y llegando al alma, ha irrumpido en los mejores cines.

   La acompañan prestigiosos reconocimientos que la consideran el mejor documental cinematográfico del año, desde la Academia Europea del Cine, pasando por festivales como el de Venecia, Sao Paulo, o Sundace, y otros, a los cuales se sumará en pocos días la valoración del gran público, que con su presencia y comentarios, justificará el éxito que la precede y acompaña.

   En esta película hay mucho de original y sorprendente: la manera como la rodó el director que cogió su cámara y se fue solo a convivir con los monjes; los protagonistas que la integran que son auténticos cartujos; el lugar dónde se grabó, que fue la “Grande Chartreuse” (Grenoble) fundada por San Bruno en 1084; el tiempo que tardó en realizarse desde que su director concibió su idea hasta su ejecución, en el que pasaron casi veinte años; la ausencia de diálogos de guión puesto que se recoge la escena real que se vive en el monasterio; etc.

   Junto a la novedosa idea del director, es de destacar su profesionalidad a la hora de captar imágenes y sonidos en la cotidianeidad de la vida de los cartujos, que en medio de una sociedad como la nuestra, tan presionada por el ruido y por lo material, son capaces de llegar a lo hondo del sentido del hombre en el silencio y en la austeridad, que es como mejor se descubre a Dios.

   Confieso que para alguien como yo, que celebro misa todos los domingos en la Cartuja de Valldemosa, el tema de los cartujos me interesa sobremanera. Ellos dejaron su impronta en este monumento valldemosino que es visitado cada año por centenares de miles de turistas. Su presencia en Mallorca se inauguró en 1399 y duró 436 años hasta que en 1835 fueron forzados a marcharse por el Gobierno Español con las mal llamadas desamortizaciones del liberal Mendizábal, con las que les quitaron sus propiedades.

   Desde entonces los cánticos y rezos en la Cartuja se limitan a los que podemos hacer los fieles en la misa dominical, y que obviamente distan mucho de los de aquellos cartujos, cuya presencia aún añoramos. Muchas veces, paseando por la iglesia, claustro y antiguas celdas de los discípulos de San Bruno, o hasta disfrutando de las bellas vistas desde el campanario de la Cartuja, y escuchando el bello tañido de sus campanas y de su recientemente restaurado reloj, he hecho un esfuerzo de imaginación para visualizar en mi mente lo que debía ser aquella comunidad de hermanos dedicados a la oración en medio de grandes austeridades y penitencias.   

   Ahora, gracias a Phillip Groening, no necesito imaginarlo, puedo verlo y escucharlo, y es tanto lo que impacta su película, que no me veo capaz de explicarlo con unas pocas palabras, de forma que haré alusión al título del documental y recomendaré a los lectores que acudan al cine para disfrutar de una verdadera experiencia de silencio.

   Con esta película nos podemos unir durante 160 minutos a la vida del cartujo que es, como decía San Bruno: “un vivir corazón a corazón con Dios.”

Ricardo Ramos Carrique, Párroco de Valldemosa.

  http://www.karmafilms.es/html/elgransilencio.html
 

 

LA CARTUJA DE VALLDEMOSSA 

El conjunto monumental de la Cartuja de Valldemossa ha atraído a lo largo de la historia a personajes ilustres de todo el mundo –entre los que destacan Chopin– siendo uno de los principales atractivos del municipio y una de las visitas preferidas de los turistas que llegan a la isla.

El origen del conjunto se remonta a la época del rey Jaime II de Mallorca, que escogió este excepcional lugar de la Serra de Tramuntana, situado a más de 400 metros de altura, para edificar un palacio para su hijo Sancho, conocido como el Palacio del rey Sancho. En 1399 el rey Martín el Humano cedió todas las posesiones reales de Valldemossa a los monjes cartujanos. Éstos fundaron la Cartuja y la habitaron hasta 1835, cuando pasó a manos privadas por la desamortización, quedando el conjunto dividido entre nueve propietarios, a excepción de la iglesia.

La visita al conjunto se inicia por la iglesia, edificio de estilo neoclásico decorado por grandes artistas y artesanos de la época, que se empezó a construir en 1751 sobre la iglesia primitiva erigida en 1446. Saliendo de la iglesia se accede al Claustro –una de las partes más antiguas de las edificaciones actuales– y, desde aquí, a la antigua farmacia de los cartujanos. A continuación se visita el jardín y las habitaciones de la Celda Prioral –capilla, biblioteca, sala de audiencias, dormitorio...– donde se conserva el legado histórico y artístico de los cartujanos, mostrando cómo vivían los monjes. En las celdas 2 y 4 se encuentran los documentos y recuerdos de la estancia de Chopin y George Sand en Valldemossa, entre 1838 y 1839.