Como una advertencia impulsada por los dioses, en vísperas de su coronación oficial como nuevo número uno del mundo, el español Rafael Nadal se aposentó en el Olimpo, en el escenario de los elegidos, en la tribuna de los grandes, alcanzada tras derribar en Pekín al último resquicio del trayecto, el chileno Fernando González (6-3, 7-6 (2) y 6-3)
Nadal, el hombre de los 31 títulos, el poseedor de los cuatro Roland Garros y el instaurador de un nuevo orden en Wimbledon, acaparó el honor de ser el primer campeón olímpico español con la raqueta.




